Yogur, lentejas, una mancuerna y frutos secos en fila sobre un degradado pastel rosa y lavanda

Alta proteína y microbiota: qué cambia con el entrenamiento de fuerza

La proteína que no se digiere fermenta en el colon y produce amoniaco. La frase está en todos los apuntes y describe una preocupación razonable, aunque la evidencia que la rodea ha cambiado bastante en los últimos años.

En la consulta la duda llega con un paciente concreto: 78 años, 1,6g por kilo prescritos, dos sesiones de fuerza por semana y gases desde que subió la proteína. ¿Es la proteína, es la fibra que se ha quedado por el camino o es la casualidad de la semana?

La respuesta útil no está en el censo de bacterias, está en lo que esas bacterias fermentan. Los cinco trabajos en personas que repasamos aquí, uno en ratones y una revisión de alcance permiten separar lo medido de lo extrapolado.

Aquí tienes los diseños, las cifras, el papel real del entrenamiento de fuerza y lo que cambia en la práctica cuando se sube la proteína sin tocar la fibra.

Giuseppe ForcinitiAutor: Giuseppe Forciniti

La respuesta corta: cambia el metabolismo antes que el censo

En personas, subir la proteína hasta 1,6g por kilo al día con alimentos, durante diecisiete semanas y con entrenamiento de fuerza incluido, no cambió la riqueza, la diversidad ni la composición de la microbiota intestinal en adultos de 65 a 85 años. Ese es el dato más cercano a la consulta que existe hoy, y sale de un ensayo aleatorizado con 112 participantes.1

Lo que sí cambia, y de forma bastante consistente, es la actividad metabólica de esas bacterias. Cuando la proteína sube y la fibra fermentable baja a la vez, la fermentación se desplaza hacia los aminoácidos y aparecen ácidos grasos de cadena ramificada, compuestos nitrogenados y otros metabolitos que la literatura describe como poco amables con la mucosa del colon.2 La composición puede quedarse quieta mientras el metaboloma se mueve.

La distinción importa en consulta porque son dos preguntas distintas. Si te preguntan si la proteína alta daña la microbiota, con los datos en la mano la respuesta es que, en el único trabajo que ha doblado la ingesta con entrenamiento de fuerza, hasta 1,6g por kilo no apareció ninguna señal de daño en la composición. Si te preguntan qué cambia, la respuesta está en el perfil de metabolitos, y ahí el factor que manda no es solo la proteína: es cuánto carbohidrato fermentable queda en el plato.

Lo que sigue separa lo medido en personas de lo que viene de ratones y de dosis que nadie come, porque buena parte de los titulares alarmantes sale justo de ahí.

Qué llega al colon cuando sube la proteína

La cifra que importa es la que no se absorbe. La calidad de una proteína se valora por su digestibilidad ileal verdadera, es decir, por la proporción que se absorbe antes de la válvula ileocecal; lo que no se absorbe sigue bajando y acaba en el colon.3 Esa fracción cambia con la fuente y con el procesado, y es la que alimenta a las bacterias del tramo final.

En el colon las bacterias tienen preferencias claras. Con carbohidrato fermentable disponible producen ácidos grasos de cadena corta, sobre todo acetato, propionato y butirato, y el pH se mantiene ácido. Cuando el sustrato escasea cambian de menú y fermentan aminoácidos: aparecen ácidos grasos ramificados como el isobutírico y el isovalérico, amoniaco, aminas, sulfhídrico, indol y p-cresol. El amoniaco sube el pH del colon, el colonocito lo detoxifica en parte y el resto pasa a la sangre para acabar como urea en el hígado.

Ahí está el punto que conviene subrayar: la proteína no actúa sola, actúa la relación entre proteína y fibra fermentable que llega al colon. Un plato de lentejas lleva proteína y fibra en el mismo bocado; un aislado en polvo disuelto en agua lleva proteína y poco más. La misma cantidad de nitrógeno, dos fermentaciones distintas.

El dato más cercano a la consulta: 112 mayores, 1,6g por kilo, 17 semanas

El trabajo citado en el primer apartado merece que se mire su diseño. Tres grupos: control sin intervención, proteína recomendada más entrenamiento de fuerza y proteína alta más entrenamiento de fuerza. Ciento doce adultos que vivían en su casa, de 65 a 85 años, durante diecisiete semanas, con la ingesta subiendo desde 0,80g por kilo al día hasta 1,07g en el grupo de proteína recomendada y 1,62g en el de proteína alta.

La microbiota se midió por secuenciación del gen 16S del ARN ribosomal en heces recogidas al inicio, después de la fase dietética y después de la fase combinada con entrenamiento. No hubo cambios significativos en riqueza, diversidad ni composición, ni dentro de cada grupo ni entre grupos. La energía residual en heces y los marcadores inflamatorios indicaron que la ingesta alta se toleró bien.

Los límites del trabajo pesan tanto como el resultado. Es un subanálisis de un ensayo controlado y aleatorizado y no el desenlace primario; la población es de personas mayores; la proteína venía de alimentos y no de suplementos aislados; el desenlace publicado es la composición, no el metaboloma; y la secuenciación del gen del ARN ribosomal resuelve hasta género, así que las diferencias entre cepas, que son las que explican la función, quedan fuera de foco. El más importante para leer bien el nulo es otro: la fibra se mantuvo estable en los tres grupos, y los propios autores señalan esa co-ingesta de fibra que trae la comida entera como una de las razones por las que no apareció el efecto. Un resultado nulo con este diseño no demuestra que no pase nada: demuestra que no pasa nada visible en el censo cuando la proteína sube sin que baje la fibra.

Lo que sí permite afirmar es concreto: en un grupo de mayores que dobló su ingesta de proteína con alimentos, sin recortar la fibra, y con entrenamiento de fuerza durante más de cuatro meses, no apareció el deterioro de la microbiota que muchos esperaban encontrar.

El entrenamiento de fuerza, medido aparte

Del ejercicio hay bastante evidencia y casi toda es aeróbica. En un trabajo con 32 adultos previamente sedentarios, dieciocho delgados y catorce con obesidad, seis semanas de entrenamiento aeróbico supervisado, tres días por semana y de 30 a 60 minutos por sesión, aumentaron los ácidos grasos de cadena corta fecales en los delgados y no en los que tenían obesidad. Los cambios de composición dependieron del estado ponderal y se revirtieron casi por completo tras seis semanas sin entrenar.4 El diseño no tenía grupo control ni aleatorización, así que la atribución al entrenamiento se apoya en los controles dietéticos y en que el efecto se deshizo al dejarlo.

Con fuerza, los datos son escasos y pequeños. Un ensayo aleatorizado con diecisiete adultos no entrenados de 60 a 70 años comparó veinticinco gramos de proteína de suero con 24,5g de yogur proteico durante ocho semanas de entrenamiento de fuerza, tres sesiones por semana. La masa muscular, la fuerza y la velocidad de la marcha mejoraron igual en los dos grupos, con dos desenlaces que sí se separaron: la grasa corporal bajó solo con el suero y el gasto metabólico en reposo subió solo con el yogur. La microbiota se movió en direcciones distintas: el suero subió la relación entre Firmicutes y Bacteroidota y enriqueció Subdoligranulum, mientras el yogur aumentó la diversidad alfa y la abundancia de Coprococcus.5

La lectura razonable es que la señal microbiana de ese trabajo viene del formato del suplemento y no del entrenamiento, y que con ocho personas por brazo cualquier conclusión sobre taxones concretos es exploratoria. El entrenamiento de fuerza, por lo que se ha medido, mejora la fuerza y la función; su huella sobre la comunidad bacteriana es pequeña y difícil de separar de la dieta que lo acompaña.

Los metabolitos se mueven aunque el censo bacteriano no

El trabajo que mejor describe el cambio metabólico es antiguo y sigue siendo el más citado. Diecisiete hombres con obesidad recibieron una dieta de mantenimiento de siete días y después, en cruzado y cuatro semanas por brazo, dos dietas de adelgazamiento altas en proteína: una moderada en hidratos y otra muy baja en hidratos. Frente a la dieta de mantenimiento, las dos subieron la proporción de ácidos grasos de cadena ramificada y las concentraciones de ácido fenilacético y de compuestos N-nitrosados. La comparación limpia es la que enfrenta los dos brazos, y ahí la dieta muy baja en hidratos redujo además la proporción de butirato, bajó el grupo Roseburia y Eubacterium rectale y recortó los ácidos fenólicos que vienen de la fibra.6

Fíjate en lo que ese diseño no permite atribuir. Las dos dietas eran de adelgazamiento, no isocalóricas, así que parte del cambio metabólico puede venir del déficit y no de la proteína; y como el carbohidrato y la fibra bajaron a la vez, hasta 22g de hidratos al día en el brazo bajo, el perfil que se vende como efecto de la proteína alta es también el de una dieta pobre en fibra. Lo que el trabajo aísla de verdad es la diferencia entre brazos, y ahí el marcador que se mueve es el butirato.

Cuando la proteína se añade sin quitar el resto, el cambio es más fino. Un ensayo doble ciego con 38 personas con sobrepeso suplementó de forma isocalórica caseína, proteína de soja o maltodextrina durante tres semanas. No cambió la composición de la microbiota, pero sí su metabolismo, que se desplazó hacia la degradación de aminoácidos con perfiles distintos según la fuente. No hubo inflamación ni cambio en la citotoxicidad del agua fecal, y sí modificaciones en la expresión de genes de la mucosa rectal relacionados con el ciclo celular y la muerte celular.7

La revisión de alcance más reciente reúne catorce estudios de suplementos proteicos en adultos, con dosis que van de 7g a 85g al día y duraciones de cuatro días a doce semanas. La mayoría no encontró efectos sobre la diversidad alfa ni beta, y los cambios fueron de taxones concretos: aumentos de Veillonellaceae, Bacteroides y Bifidobacterium con el suero, y descensos de Firmicutes y Bacteroidota con el guisante. El problema metodológico que señala la propia revisión es que casi ningún estudio aísla la proteína, porque casi todos añaden ejercicio, restricción calórica o prebióticos, así que el efecto medido es el del paquete.8

TrabajoDiseño y muestraProteínaDuraciónComposiciónMetabolitos
Zöhrer 2026Subanálisis de ensayo aleatorizado, 112 adultos de 65 a 85 años, con fuerza1,62g/kg/día frente a 1,07g/kg/día17 semanasSin cambios en riqueza, diversidad ni composiciónSin datos en el resumen publicado
Monsalves-Álvarez 2026Ensayo aleatorizado, 17 adultos de 60 a 70 años, con fuerza25g de suero o 24,5g de yogur proteico8 semanasCambios por tipo de suplemento, no por entrenamientoSin datos en el resumen publicado
Beaumont 2017Ensayo doble ciego, 38 adultos con sobrepeso, isocalóricoCaseína, soja o maltodextrina3 semanasSin cambiosDesplazamiento a la degradación de aminoácidos, distinto según la fuente
Russell 2011Cruzado, 17 hombres con obesidad, dos dietas de adelgazamiento139g y 137g al día4 semanas por brazoMenos Roseburia y Eubacterium rectale en el brazo bajo en hidratosFrente al mantenimiento, más ácidos grasos ramificados, fenilacético y N-nitrosados; entre brazos, menos butirato con menos hidratos
Diseño y desenlaces de los trabajos citados. Los dos primeros incluyen entrenamiento de fuerza; los dos siguientes, no. Elaboración propia con los datos publicados.

El límite del modelo animal: 60% de la energía en ratones

De aquí salen los titulares. Un trabajo con 24 ratones macho C57BL/6 repartió cuatro grupos de seis: control, dieta alta en proteína, dieta normal con ejercicio y dieta alta en proteína con ejercicio. La dieta alta llevaba el 60% de la energía en forma de proteína y el entrenamiento consistía en subir una escalera de forma progresiva, tres veces por semana, durante ocho semanas.9

La dieta alta redujo por sí sola la riqueza microbiana. El grupo que además entrenaba no recuperó esa riqueza ni se separó del grupo de proteína alta en la composición global; lo único distinto fueron algunos géneros, con más Lactobacillus y Faecalibaculum. El grupo de proteína alta con entrenamiento, comparado con el control, mejoró la fuerza y tuvo menos grasa mesentérica; el diseño, con seis animales por brazo, no permite repartir el mérito entre la dieta y el ejercicio, y la comunidad bacteriana no volvió a su punto de partida.

El dato es interesante y no es aplicable sin más. El 60% de la energía en proteína no corresponde a ninguna dieta humana sostenible: en una persona de 2.000kcal serían 300g de proteína al día. Los ratones practican coprofagia y tienen un tránsito distinto, así que su microbiota responde a la dieta de una forma que no se puede extrapolar gramo a gramo. Lo que aporta el trabajo es un contraste único: en el nivel probado, el 60% de la energía, la riqueza bajó, y con este diseño no hay forma de saber dónde empieza a bajar.

En la consulta: subir la proteína sin castigar el colon

La primera decisión es mantener la fibra. La referencia para adultos ya está en fibra e inulina, y no hace falta repetirla aquí: lo que importa es que la dieta que más se parece al perfil de metabolitos preocupante es justo la que sube la proteína recortando hidratos y fibra a la vez. Cuando un paciente llega con 1,6g por kilo y una queja de gases, lo primero que se revisa no es la proteína: es cuánta fibra fermentable ha desaparecido por el camino.

La segunda es elegir la fuente. La proteína vegetal llega con fibra y con una digestibilidad menor, como se ve en el recorrido de la proteína por el tubo digestivo, así que aporta más sustrato al colon en los dos sentidos, más aminoácido y más carbohidrato fermentable. En la práctica eso se traduce en tolerancias distintas y en una recomendación que no es la misma para todos. No hay una fuente mejor para la microbiota en abstracto; hay combinaciones que funcionan y otras que no, y eso se comprueba en el paciente, no en la tabla.

La tercera es no dar por hecho que la fibra lo arregla todo. Un ensayo aleatorizado y controlado con placebo añadió una mezcla de fibra de patata y pectina de remolacha azucarera a una dieta con el 25% de la energía en proteína, durante doce semanas, en cuarenta personas con sobrepeso. La fibra no mejoró la sensibilidad a la insulina, que incluso empeoró en el conjunto del organismo, aumentó la permeabilidad colónica y la interleucina 6, y no cambió ni la composición microbiana ni los metabolitos fecales.10 La mezcla de fibra y proteína es una interacción, no una resta.

La cuarta es medir la tolerancia con criterios sencillos y en el paciente concreto: escala de Bristol, hinchazón, gases, ritmo deposicional, y una ventana de dos a tres semanas antes de decidir si el problema es la proteína, la fibra o el cambio de patrón de comidas. El mecanismo digestivo de la lactosa y del suero, cuando la queja aparece con batidos, está en proteína de suero y lactosa. Un aumento de proteína bien hecho se nota poco en el intestino; si se nota mucho, hay algo que ajustar y casi nunca es solo el gramaje.

Conviene ponerle el marco regulatorio a todo esto. En la Unión Europea no hay ninguna declaración de propiedades saludables autorizada sobre microbiota ni sobre barrera intestinal, así que lo que se ha contado aquí son resultados de investigación: no hay alegación que se pueda trasladar a una etiqueta ni promesa que se pueda hacer al paciente en esos términos.

Conclusión

La proteína alta no cambia el censo bacteriano en el ensayo que la ha subido con entrenamiento de fuerza y con la fibra intacta, ni siquiera en mayores que la doblan durante cuatro meses. Lo que cambia es la actividad: más fermentación de aminoácidos, más metabolitos nitrogenados y menos butirato cuando la fibra se queda por el camino.

El entrenamiento de fuerza aporta función y masa muscular, y su huella microbiana es pequeña y difícil de separar del formato del suplemento que lo acompaña. La conclusión práctica incomoda a los dos extremos: la proteína no es el problema que se anunciaba, y el arreglo tampoco está en un ingrediente suelto. Lo que decide el perfil es la relación entre sustratos que llegan al colon, y eso se planifica en el plato, no en el bote.

Para seguir el hilo, el funcionamiento general de la comunidad bacteriana está en qué es la microbiota y cómo se alimenta, el papel del sustrato fermentable en fibra e inulina, y las cifras de referencia por peso y edad en cuánta proteína necesitas al día.

Bibliografía científica

  1. 1. Zöhrer PA, Unterberger S, Aschauer R, Draxler A, Somloi S, Kapeller M, Bauer T, Heinz C, Reichstam S, Franzke B, Strasser EM, Hausmann B, Pjevac P, Berry D, Wessner B, Wagner KH. The impact of a high-protein diet with strength training on the gastrointestinal microbiota in community-dwelling older adults: subanalysis of a randomized controlled trial. Frontiers in Nutrition. 2026;12:1712451. doi:10.3389/fnut.2025.1712451. PMID 41640738. ↩︎
  2. 2. Diether NE, Willing BP. Microbial fermentation of dietary protein: an important factor in diet-microbe-host interaction. Microorganisms. 2019;7(1):19. doi:10.3390/microorganisms7010019. PMID 30642098. ↩︎
  3. 3. FAO. Dietary protein quality evaluation in human nutrition. Report of an FAO Expert Consultation. FAO Food and Nutrition Paper 92. Roma: FAO; 2013. https://www.fao.org/4/i3124e/i3124e.pdf ↩︎
  4. 4. Allen JM, Mailing LJ, Niemiro GM, Moore R, Cook MD, White BA, Holscher HD, Woods JA. Exercise alters gut microbiota composition and function in lean and obese humans. Medicine & Science in Sports & Exercise. 2018;50(4):747-757. doi:10.1249/MSS.0000000000001495. PMID 29166320. ↩︎
  5. 5. Monsalves-Álvarez M, Calderón-Romero P, Hayes-Ortiz T, Bobadilla S, Sánchez F, de Tudela CP, Utreras-Mendoza Y, Campos C, Reyes Á, Gómez J, Zara B, Sepúlveda C, Troncoso R, Correa-Burrows P, Gonzales-Billault C, Court FA, Flores-Opazo M, Valladares-Ide D. Protein yogurt and whey protein produce comparable muscle gains, but divergent microbiome shifts during strength training in older adults. Scientific Reports. 2026;16(1):22592. doi:10.1038/s41598-026-51209-3. PMID 42151371. El trabajo declara financiación de la Sociedad Chilena de Nutrición y del Consorcio Lechero, un consorcio de la industria láctea. ↩︎
  6. 6. Russell WR, Gratz SW, Duncan SH, Holtrop G, Ince J, Scobbie L, Duncan G, Johnstone AM, Lobley GE, Wallace RJ, Duthie GG, Flint HJ. High-protein, reduced-carbohydrate weight-loss diets promote metabolite profiles likely to be detrimental to colonic health. American Journal of Clinical Nutrition. 2011;93(5):1062-1072. doi:10.3945/ajcn.110.002188. PMID 21389180. ↩︎
  7. 7. Beaumont M, Portune KJ, Steuer N, Lan A, Cerrudo V, Audebert M, Dumont F, Mancano G, Khodorova N, Andriamihaja M, Airinei G, Tomé D, Benamouzig R, Davila AM, Claus SP, Sanz Y, Blachier F. Quantity and source of dietary protein influence metabolite production by gut microbiota and rectal mucosa gene expression: a randomized, parallel, double-blind trial in overweight humans. American Journal of Clinical Nutrition. 2017;106(4):1005-1019. doi:10.3945/ajcn.117.158816. PMID 28903954. ↩︎
  8. 8. Dauphinee C, Lohnes O, Kebbe M. Protein supplementation and the gut microbiome, metabolites, integrity, and inflammation in human adults: a scoping review of current evidence and gaps. Applied Physiology, Nutrition, and Metabolism. 2026;51:1-15. doi:10.1139/apnm-2025-0496. PMID 42623696. ↩︎
  9. 9. Hsu YJ, Kuo CY, Lo YC. High-protein intake shapes physiological adaptation and gut microbiota in response to resistance training. Life Sciences. 2026;404:124646. doi:10.1016/j.lfs.2026.124646. PMID 42628638. Estudio en ratones: 24 machos C57BL/6, dieta con el 60% de la energía en proteína y escalada progresiva tres veces por semana durante ocho semanas. ↩︎
  10. 10. van Kalkeren CAJ, van Deuren T, Coenjaerds MMJ, Galazzo G, Barnett DJM, Penders J, Hartmann B, Holst JJ, Canfora EE, Blaak EE. Effects of a slowly fermentable fiber mixture against the background of a high-protein diet on insulin sensitivity and metabolic health in individuals with overweight: a randomized, placebo-controlled trial. Gut Microbes. 2026;18(1):2606473. doi:10.1080/19490976.2025.2606473. PMID 41459804. El artículo declara que una de sus autoras dirige proyectos con financiación de la industria alimentaria, entre ellas Sensus, WholeFiber, Avebe, Nuscience y Agrifirm. ↩︎