Menos proteína, menos peso: el ensayo isocalórico que obliga a matizar
La proteína vende saciedad, músculo y control del peso. Por eso un ensayo que adelgaza bajando la proteína y subiendo los hidratos, sin tocar las calorías, se lee como una provocación.
En la consulta la duda llega con forma de contradicción: si recomiendas 1,6g por kilo al paciente que quiere perder grasa, ¿cómo va a adelgazar un trabajo que baja la proteína a 0,9g y deja las calorías iguales?
Los dos resultados no se pelean, miden cosas distintas. Uno mira cuánto marca la báscula cuando la energía está fijada y el plato lo pone el laboratorio. El otro mira qué se pierde además de grasa.
Aquí tienes el diseño, las cifras, el mecanismo con FGF21 y los cuatro matices que convierten un titular llamativo en una decisión clínica razonable.
Autor: Giuseppe Forciniti
- Qué midió el ensayo, y por qué es raro verlo
- El resultado: 2kg menos con las mismas calorías
- Primer matiz: dos kilos de peso no son dos kilos de grasa
- Segundo matiz: el mecanismo está medido a medias
- Tercer matiz: 0,9g por kilo no es una dieta baja en proteína
- Cuarto matiz: en casa no hay cocina de laboratorio
- Límites del estudio y lo que añade el registro
- En la consulta: qué hacer con esto
- Conclusión
- Bibliografía científica
«La nutrición proteica de calidad es la base de una vida larga y sana.» Nuestro propósito es poner ese alimento al alcance de toda la familia.
Qué midió el ensayo, y por qué es raro verlo
El trabajo se hizo en la sección August Krogh de la Universidad de Copenhague y se publicó en línea en junio de 2026, en el número de agosto de la revista Obesity. Diecisiete hombres de 25 a 45 años, con un índice de masa corporal entre 26 y 35, una ingesta habitual de proteína del 20% de la energía y un estilo de vida inactivo, con una sesión de entrenamiento semanal como máximo. Se asignaron al azar a dos dietas isocalóricas durante cinco semanas, después de dos semanas de rodaje.1
Lo que hace especial al diseño no es la pregunta, es el control. Toda la comida la puso el equipo, pesada al gramo y en rotaciones de siete días, sin nada fuera del menú salvo café e infusiones. La energía se fijó en la necesidad calculada de cada participante, 14,4MJ al día en el grupo de proteína alta y 14,9MJ en el reducido, sin diferencias entre ellos. La grasa se mantuvo en el 37% de la energía y la fibra en 44g en los dos brazos. Lo que cambió fue la proteína, 1,80g por kilo al día frente a 0,87g, y los hidratos que la sustituyeron, del 43% al 52% de la energía.
La reducción se consiguió bajando sobre todo carne y lácteos y sustituyéndolos por alternativas vegetales. Para que la fibra no cayera, se aumentó la proporción de hidratos simples. El detalle importa: el brazo reducido llevaba más azúcar añadido, 31g al día frente a 9g, y algo más de grasa saturada, el 15% de la energía frente al 13%. La fibra era la misma y la grasa total también. No era una dieta de peor calidad en todo, y tampoco era solo una dieta con menos proteína.
El desenlace primario del registro es el peso a las cinco semanas, y el secundario, la FGF21. Se midió composición corporal por densitometría en las semanas 0, 3 y 5, gasto en reposo por calorimetría indirecta cada semana, energía en heces por bomba calorimétrica y actividad física con acelerómetro durante todo el estudio.
El resultado: 2kg menos con las mismas calorías
El grupo con proteína reducida perdió 2,0 ± 0,6kg más que el grupo con proteína alta al cabo de cinco semanas, con una diferencia estadísticamente significativa. El grupo de proteína alta no se movió de su peso inicial. La separación entre grupos aparece a partir del día 23, y el descenso dentro del grupo reducido, a partir del día 26.
Tres controles descartan las explicaciones fáciles. La actividad física no cambió en ninguno de los dos grupos. La energía de las heces tampoco, 21,8 frente a 21,9kJ por gramo seco, así que no hubo malabsorción. La energía prescrita estaba fijada por diseño, con menús pesados al gramo y una lista diaria de cumplimiento que rellenaban los participantes, sin pesar restos.
| Medida | Proteína habitual | Proteína reducida |
|---|---|---|
| Participantes | 7 | 10 |
| Energía de la dieta | 14,4 ± 0,3MJ/día | 14,9 ± 0,5MJ/día |
| Proteína | 1,80 ± 0,03g/kg/día | 0,87 ± 0,01g/kg/día |
| Proteína sobre la energía | 21% | 11% |
| Hidratos sobre la energía | 43% | 52% |
| Grasa sobre la energía | 37% | 37% |
| Peso a las 5 semanas | sin cambios | −2,0 ± 0,6kg frente al otro grupo |
| Masa grasa | sin cambios | −1,1 ± 0,3kg |
| Masa magra | sin cambios | −1,3 ± 0,7kg (tendencia, p = 0,07) |
| FGF21 en ayunas | sin cambios | aumento significativo |
Dos kilos en 35 días son unos 400g por semana. Es un resultado real y pequeño: una restricción energética convencional produce pérdidas mayores en el mismo tiempo. La diferencia es que aquí no había déficit prescrito, y ese es el hallazgo que el artículo defiende.
Primer matiz: dos kilos de peso no son dos kilos de grasa
La densitometría separa el peso en dos compartimentos. La masa grasa bajó 1,1 ± 0,3kg en el grupo reducido, un descenso significativo que se produjo entre las semanas 3 y 5. La masa magra bajó 1,3 ± 0,7kg, y ese descenso se quedó en tendencia, sin alcanzar significación. En el grupo de proteína alta no cambió ninguno de los dos.
Leídas en conjunto, las cifras no permiten decir que los dos kilos sean grasa. Los dos compartimentos medidos suman 2,4kg, más que la diferencia de 2kg entre grupos, y el mayor de los dos descensos es el de masa magra. El porcentaje de grasa no cambió de forma significativa y la grasa visceral tampoco, con un descenso de 50 ± 50g que no llega a la significación. El artículo lo resume así: se redujo la masa grasa sin una pérdida excesiva de masa magra. La palabra excesiva es una interpretación de los autores, no un dato del análisis.
Esta es la parte que más cuesta trasladar a la consulta. En restricción energética, subir la proteína mejora el resultado: un metaanálisis de 24 ensayos y 1063 personas encontró 0,79kg más de peso perdido, 0,87kg más de grasa perdida y 0,43kg menos de masa magra perdida con dietas altas en proteína frente a dietas con proteína estándar, con las calorías igualadas. La diferencia es modesta y va en la dirección contraria a la de un titular que celebre bajar la proteína.2
Los dos resultados no se contradicen porque las preguntas son distintas. El metaanálisis compara dietas con déficit energético y encuentra ventaja para la proteína alta en peso y en composición. El ensayo de Copenhague compara dietas sin déficit y encuentra ventaja para la proteína baja en la báscula. Peso y composición corporal no son la misma medida, y en un artículo sobre peso conviene decirlo en la primera frase.
Segundo matiz: el mecanismo está medido a medias
La FGF21 es una hormona que el hígado libera cuando falta proteína y que en ratones aumenta el gasto energético. En este ensayo, la FGF21 en ayunas subió en el grupo con proteína reducida frente al de proteína alta, y el cambio se correlacionó de forma inversa con el cambio de peso: r = -0,59 y p = 0,015. A más subida de la hormona, más peso perdido.
El resto del mecanismo no se movió. El gasto en reposo no cambió en ninguna semana y el cociente respiratorio tampoco. En la grasa subcutánea, los receptores de la hormona y su señalización quedaron igual. En el músculo, las proteínas de la cadena respiratoria mitocondrial no cambiaron. La hormona subió, el peso bajó y el lugar donde se gastó la energía no aparece en las mediciones.
Los autores proponen una explicación razonable y no demostrada: el gasto extra ocurriría después de comer, en el tejido adiposo, y sería demasiado pequeño o demasiado intermitente para que la calorimetría en reposo lo capture. La misma reducción de proteína, en hombres delgados, obligó a subir la energía para mantener el peso, y al volver a la proteína habitual las necesidades bajaron; el efecto apareció tanto si la proteína se sustituía por grasa como por hidratos.3
Conviene hacer la cuenta que el estudio no hace. Los 2kg de peso son, en la parte medida, 1,1kg de grasa, que a 9,4kcal por gramo son unas 10.340kcal en 35 días, es decir unas 295kcal diarias, un 8% de los 14,9MJ prescritos. El ensayo no midió el gasto total, ni con agua doblemente marcada ni en cámara de 24 horas: la energía se fijó multiplicando el gasto en reposo por un nivel de actividad estimado, y un 8% es del orden del error de esa estimación. El desajuste no exige termogénesis para explicarse, y la FGF21 queda como una hipótesis compatible, no como la explicación establecida.
Tercer matiz: 0,9g por kilo no es una dieta baja en proteína
El brazo reducido tomó 0,87g por kilo al día. La ingesta de referencia de la EFSA para adultos es de 0,83g por kilo y el mínimo de la Organización Mundial de la Salud, 0,8g. Los participantes comieron por encima de las dos referencias. El propio artículo señala que los estudios anteriores que habían visto perder peso con dietas bajas en proteína usaban 0,7g por kilo o menos, por debajo del mínimo, algo que no se sostiene en el tiempo.4
El otro lado de la comparación también merece contexto. El grupo de proteína alta tomaba 1,80g por kilo, más del doble de la referencia y muy por encima de lo que necesita una persona inactiva. El ensayo compara una ingesta alta con una ingesta adecuada, no una adecuada con una baja. Leído así, el titular se estrecha: pasar de 1,8g a 0,9g cambia el peso en un varón inactivo con exceso de grasa y calorías fijadas, y no dice nada de bajar de 1,2g a 0,6g ni de lo que ocurre en alguien que entrena.
Los participantes no entrenaban, con una sesión semanal como máximo. En personas entrenadas, en mayores con riesgo de perder músculo y en cualquier situación en la que la masa magra sea el objetivo, la proteína no es la palanca que se toca primero. La referencia de 1,2g a 1,6g por kilo durante una restricción energética sigue siendo la que sostiene la evidencia, en una revisión publicada en un suplemento financiado por la industria cárnica y láctea.5
Cuarto matiz: en casa no hay cocina de laboratorio
Toda la comida estaba provista y el participante no podía comer nada más. Esa condición es la que permite atribuir el cambio al contenido de proteína y también la que hace difícil trasladarlo. Fuera del laboratorio, la proporción de proteína de la dieta no solo cambia el metabolismo: cambia cuánto se come.
La hipótesis de la palanca proteica describe justo eso. En un ensayo con 22 adultos delgados y menús fijos, bajar del 15% al 10% de la energía en proteína aumentó la ingesta total un 12%, sobre todo a base de alimentos salados entre horas, y el aumento no bastó para mantener la proteína constante. El mecanismo, con las cifras y los estudios que lo sostienen, está en la entrada sobre el efecto palanca de la proteína.6
Aplicado al ensayo, el matiz es directo: los 2kg se perdieron con la energía clavada. En libertad, la misma dieta diluida en proteína tiende a que se coma más, y ese extra puede comerse el efecto. Los autores lo reconocen y piden verificar el resultado en condiciones de vida libre, donde la saciedad y la ingesta mandan. El ensayo no midió hambre ni saciedad en ningún momento.
Límites del estudio y lo que añade el registro
Diecisiete participantes, siete en un brazo y diez en el otro, todos hombres, de 25 a 45 años, con índice de masa corporal entre 26 y 35, en un solo centro y durante cinco semanas. No hubo enmascaramiento, algo imposible cuando la intervención es la comida. El peso se midió a diario en báscula, así que el desenlace primario no depende de la densitometría; los 1,1kg de grasa y los 1,3kg de masa magra sí, y en esos dos caben errores de medio kilo.
La asignación no equilibró los brazos. El grupo reducido pesaba 106,3kg de media frente a 97,7kg del otro, con 3,1kg más de masa grasa y una FGF21 basal más alta, 268 frente a 192pg por mililitro. Ninguna de esas diferencias era significativa con siete y diez participantes, y una pérdida absoluta escala con el tamaño corporal, así que parte de la diferencia entre grupos puede venir de ahí.
El registro del ensayo, NCT06263725, declara el peso como desenlace primario y la FGF21 como secundario, lo que coincide con lo publicado. Declara también quince participantes reclutados, mientras el artículo analiza diecisiete, una diferencia que el texto no explica.
El diseño cambió dos cosas a la vez, proteína a la baja e hidratos al alza, y los autores reconocen que no pueden descartar que el segundo cambio contribuyera al resultado. El cumplimiento se midió con una lista diaria que rellenaban los participantes, sin pesar restos, así que una ingesta algo menor de la servida tampoco se puede descartar.
No se midió gasto energético total, ni apetito, ni presión arterial, ni marcadores de inflamación. No hay seguimiento después de las cinco semanas, así que no se sabe si el peso perdido se recupera. La financiación viene del Fondo de Investigación Independiente de Dinamarca y de la Fundación Novo Nordisk, y los autores declaran no tener conflictos de interés.
En la consulta: qué hacer con esto
La primera decisión es no cambiar la recomendación de proteína por un titular. No hay aquí evidencia de que bajar la proteína sea una estrategia de pérdida de peso: hay un ensayo pequeño, en hombres inactivos, con la energía fijada y cinco semanas de duración. Lo que sí añade es una explicación plausible de por qué dos dietas con las mismas calorías no pesan lo mismo.
La segunda es mirar qué se pierde. Si el objetivo es grasa, la báscula sola no sirve: hace falta composición corporal, y cuando no hay densitometría, el perímetro de cintura y la fuerza de prensión dicen más que el peso aislado. Un descenso de 2kg con 1,3kg de masa magra en tendencia no es un resultado que se celebre en un informe.
La tercera es mantener la proteína donde la evidencia la sostiene. En restricción energética, de 1,2g a 1,6g por kilo, repartidos en las comidas y con entrenamiento de fuerza, sigue siendo la pauta con más respaldo para perder grasa conservando músculo. La referencia por peso y edad está en la entrada sobre cuánta proteína necesitas al día.
La cuarta es desconfiar de la simetría. Un varón de 100kg que toma 180g de proteína al día puede bajar a 90g sin quedarse corto; una persona de 60 años con poca masa muscular y 55g de proteína diarios no es el mismo caso, aunque la resta sea la misma. En la pérdida de músculo con la edad la proteína pesa más, no menos.
Conclusión
El ensayo es sólido en lo que mide y estrecho en lo que permite concluir. Con la energía fijada, reducir la proteína de 1,8g a 0,9g por kilo y sustituirla por hidratos hizo perder 2kg en cinco semanas a diecisiete hombres con exceso de grasa, y el cambio se acompañó de una subida de FGF21. La grasa bajó 1,1kg, la masa magra quedó en tendencia a bajar y el gasto total no se midió.
La lectura útil no es que la proteína engorde. Es que el peso depende de algo más que las calorías prescritas, que ese algo se mide mal y que en la vida real la proteína también gobierna cuánto se come. Mientras llegan los datos en libertad y en mujeres, la proteína sigue siendo lo último que se recorta cuando el objetivo es perder grasa.
Bibliografía científica
- 1. Lyster AE, Frederiksen AS, Jensen JK, Lundsgaard A, Andersen NR, Jørgensen KS, Weber D, Nachtigall L, Richter EA, Fritzen AM, Kiens B. Dietary protein reduction during isocaloric conditions reduces body weight in men with overweight or obesity. Obesity (Silver Spring). 2026;34(8):1569-1582. doi:10.1002/oby.70248 (PMID: 42299884). Ensayo aleatorizado, paralelo y sin enmascaramiento, con cinco semanas de dieta isocalórica provista y pesada al gramo; registro NCT06263725, con el peso como desenlace primario y la FGF21 como secundario. ↩︎
- 2. Wycherley TP, Moran LJ, Clifton PM, Noakes M, Brinkworth GD. Effects of energy-restricted high-protein, low-fat compared with standard-protein, low-fat diets: a meta-analysis of randomized controlled trials. American Journal of Clinical Nutrition. 2012;96(6):1281-1298. doi:10.3945/ajcn.112.044321 (PMID: 23097268). ↩︎
- 3. Nicolaisen TS, Lyster AE, Sjoberg KA, et al. Dietary protein restriction elevates FGF21 levels and energy requirements to maintain body weight in lean men. Nature Metabolism. 2025;7(3):602-616. doi:10.1038/s42255-025-01236-7 (PMID: 40050437). ↩︎
- 4. EFSA Panel on Dietetic Products, Nutrition and Allergies. Scientific Opinion on Dietary Reference Values for protein. EFSA Journal. 2012;10(2):2557. doi:10.2903/j.efsa.2012.2557. La ingesta de referencia para adultos es de 0,83g de proteína por kilo de peso y día. ↩︎
- 5. Leidy HJ, Clifton PM, Astrup A, Wycherley TP, Westerterp-Plantenga MS, Luscombe-Marsh ND, Woods SC, Mattes RD. The role of protein in weight loss and maintenance. American Journal of Clinical Nutrition. 2015;101(6):1320S-1329S. doi:10.3945/ajcn.114.084038 (PMID: 25926512). Publicado en un suplemento financiado por The Beef Checkoff, Dairy Research Institute, Egg Nutrition Center, Global Dairy Platform, Hillshire Brands y National Pork Board, según los fondos declarados en el propio artículo. ↩︎
- 6. Gosby AK, Conigrave AD, Lau NS, Iglesias MA, Hall RM, Jebb SA, Brand-Miller J, Caterson ID, Raubenheimer D, Simpson SJ. Testing protein leverage in lean humans: a randomised controlled experimental study. PLoS One. 2011;6(10):e25929. doi:10.1371/journal.pone.0025929 (PMID: 22022472). ↩︎
