Alta proteína y agrandamiento de órganos en culturistas: el mito que desmonta la evidencia
Un vientre abultado y una espalda enorme. La explicación que circula desde hace veinte años en los vestuarios es que la proteína, a fuerza de filtrarse, acaba agrandando el hígado y los riñones. La duda llega a la consulta con forma de pregunta razonable: si tomo 3g por kilo al día, ¿mi riñón trabaja el doble y crece?
El razonamiento tiene lógica y le falta una pieza. Un estudio de 2026 midió por resonancia magnética el volumen de hígado, corazón, bazo y riñones en 45 hombres: culturistas naturales con 2,5g de proteína por kilo al día, culturistas que usan fármacos y controles activos. Los naturales, con el triple de la recomendación, tienen órganos del mismo tamaño que los controles.
Aquí tienes el diseño, las cifras, de dónde nació la confusión, qué órganos sí cambian cuando hay fármacos de por medio y cómo se traduce todo esto en la consulta.
Autor: Giuseppe Forciniti
- Qué dice el mito y qué parte tiene de cierta
- Por qué los atletas de fuerza tienen órganos algo mayores
- El estudio: tres grupos, 45 hombres y una resonancia
- Los resultados: qué órganos cambian y en qué grupo
- Lo que sí agranda los órganos
- El riñón: tamaño, filtrado y función no son lo mismo
- Los límites del estudio
- En la consulta: qué preguntar y qué medir
- Conclusión
- Bibliografía científica
«La nutrición proteica de calidad es la base de una vida larga y sana.» Nuestro propósito es poner ese alimento al alcance de toda la familia.
Qué dice el mito y qué parte tiene de cierta
En foros de culturismo, en vídeos de vestuario y en buena parte de la prensa deportiva circula una idea sencilla: mucha proteína agranda los órganos internos. La versión elaborada habla de hígado y riñones hipertrofiados por el trabajo extra de filtrar nitrógeno. La versión burda la usa para explicar el vientre abultado de algunos competidores, el fenómeno que la prensa especializada llama barriga de esteroides.
El mito no nació de la nada. Se apoya en dos observaciones reales que se leyeron mal.
La primera es cierta y está bien medida: los atletas de fuerza tienen órganos más grandes que las personas sedentarias. Un trabajo con 15 deportistas universitarios y 17 no deportistas comparó por resonancia la masa de músculo, hígado y riñón. Los atletas tenían 1,84kg de hígado y 0,39kg de riñón frente a 1,39kg y 0,31kg. Lo que casi nadie cita es el resto del resultado: la proporción de hígado y riñón sobre la masa libre de grasa era prácticamente la misma en los dos grupos, 2,6% frente a 2,7% en el hígado y 0,6% en el riñón.1
La segunda son los modelos animales. En lechones de cuatro semanas, una dieta con el doble del requerimiento proteico durante dos semanas aumentó el peso relativo del hígado y del riñón y el contenido de proteína de ambos, sin más ADN: hipertrofia celular. En ratas, una dieta con el 60% de las calorías en forma de proteína durante tres semanas también aumentó el peso del riñón. El efecto existe en esas condiciones y con esos porcentajes.2
El salto que se dio sin datos fue el siguiente: si un lechón con el doble del requerimiento proteico, o una rata con el 60% de las calorías en proteína, agrandan el riñón, un culturista con 2,5g por kilo tendrá lo mismo. Es una extrapolación entre especies, entre dosis y entre dietas. Hasta este año no había imágenes que separaran las dos variables: una ingesta proteica alta y el uso de fármacos.
Por qué los atletas de fuerza tienen órganos algo mayores
La primera observación del mito tiene una explicación que no pasa por la proteína: el tamaño corporal. El hígado, el corazón y los riñones forman parte de la masa libre de grasa, y en los estudios que compararon atletas con sedentarios los órganos crecían a la par que esa masa, no por encima de ella. En el trabajo de 2007 la ratio de hígado sobre masa magra era de 2,6% en atletas y 2,7% en no deportistas, y la de riñón, de 0,6% en los dos grupos. En el de jugadores universitarios, la ratio de órganos sobre masa magra no se movió, ni en el corte transversal ni tras un año de sobrealimentación y entrenamiento.3
Esa proporcionalidad describe bien la diferencia entre un atleta y una persona sedentaria, y no es una ley que se pueda extrapolar. En la cohorte de Maastricht los culturistas naturales tenían unos 10kg más de masa magra que los controles y el hígado era prácticamente idéntico, 1,82L frente a 1,79L. Si la ratio de 2,6% se cumpliera al pie de la letra, les tocaría casi un cuarto de litro más. No lo tenían.
El detalle corta el argumento en los dos sentidos: los órganos no crecen en proporción fija al músculo, y la proteína tampoco los agranda. Lo que muestran los datos es que la masa visceral se mantiene estable en un rango amplio de masa magra y de ingesta proteica, y que se mueve cuando entra un estímulo hormonal distinto.
El estudio: tres grupos, 45 hombres y una resonancia
El trabajo se hizo en el centro de investigación en nutrición y metabolismo de la Universidad de Maastricht y se publicó en Medicine & Science in Sports & Exercise. Participaron 45 hombres de entre 22 y 41 años, quince por grupo: controles activos, culturistas naturales en competición y culturistas en competición que usaban fármacos para el aspecto y el rendimiento, las sustancias que la literatura llama APED.4
La medición no fue una estimación por fórmula. Se hizo resonancia magnética de cuerpo entero y el volumen de hígado, corazón, bazo y ambos riñones se delimitó a mano en cada imagen, con los evaluadores ciegos al grupo. La masa magra se midió por densitometría, la ingesta por un registro alimentario de siete días y el uso de fármacos por declaración de los participantes.
Las ingestas separan bien los grupos: 1,4g por kilo al día en los controles, 2,5g en los naturales y 2,9g en quienes usaban fármacos. Los dos grupos de culturistas entrenaban de forma parecida. Los naturales llevaban 11 años entrenando y seis días por semana de media. Su ingesta triplicaba la recomendación de 0,83g por kilo, superaba en un 60% la cifra que se considera suficiente para maximizar el músculo y era un 80% mayor que la de los controles.
El grupo que usaba fármacos no era un cajón desastre. Casi todos, 14 de 15, tomaban ésteres de testosterona, con una dosis semanal media de 435mg y un rango de 131 a 750mg. Sumando todos los andrógenos, la carga semanal media era de 1019mg, con un rango de 58 a 2100. La duración media del uso era de seis años. Tres de los quince añadían hormona de crecimiento e insulina, tres usaban clembuterol y tres, hormona tiroidea.
Los resultados: qué órganos cambian y en qué grupo
Los cuatro órganos medidos fueron mayores en el grupo con fármacos, con diferencias significativas frente a los otros dos. Entre culturistas naturales y controles no hubo diferencias en ninguno: ni en el hígado, ni en el corazón, ni en el bazo, ni en los riñones.
Las cifras absolutas, con su dispersión, se leen mejor en una tabla:
| Medida | Controles activos | Culturistas naturales | Culturistas con fármacos |
|---|---|---|---|
| Proteína declarada | 1,4 ± 0,3g/kg/día | 2,5 ± 0,6g/kg/día | 2,9 ± 0,4g/kg/día |
| Masa libre de grasa | 62,8 ± 4,8kg | 72,7 ± 6,4kg | 87,8 ± 8,0kg |
| Hígado | 1,79 ± 0,21L | 1,82 ± 0,20L | 2,57 ± 0,39L |
| Corazón | 0,83 ± 0,15L | 0,89 ± 0,14L | 1,20 ± 0,15L |
| Riñón izquierdo | 215 ± 55ml | 219 ± 38ml | 337 ± 61ml |
| Riñón derecho | 190 ± 37ml | 210 ± 27ml | 317 ± 52ml |
Comparado con los culturistas naturales, el grupo con fármacos tenía entre un 35% y un 40% más de volumen en hígado, corazón y bazo, y más de un 50% más en los riñones. El corazón pasaba de 0,89L a 1,20L. El hígado, de 1,82L a 2,57L. Los riñones, de unos 215ml de media a más de 320ml.
La cifra que cambia la conversación es la del grupo natural. Un culturista de 80kg con 2,5g por kilo toma 200g de proteína al día, el triple de la ingesta de referencia de 0,83g por kilo, y sus órganos no se distinguen de los de un hombre activo que toma 112g.
El propio trabajo lo formula así: los culturistas naturales no muestran volúmenes viscerales mayores pese a una ingesta muy alta, y la visceromegalia se asocia al uso de fármacos. Es una conclusión de asociación, no de causalidad, y conviene decirlo con esas palabras porque el diseño es transversal.
Lo que sí agranda los órganos
Los andrógenos tienen efectos cardíacos medidos en humanos con seguimiento. El estudio HAARLEM siguió a 31 hombres que iban a empezar un ciclo, con ecocardiografía tridimensional antes, al final del ciclo y tras un año. Al final del ciclo, con una mediana de 16 semanas, la masa ventricular izquierda había subido 28,3g, la fracción de eyección había bajado 4,9 puntos y la aurícula izquierda había ganado 9,2ml. La masa ventricular se correlacionaba con la dosis semanal media. Tras ocho meses de media sin consumo, todos los parámetros volvieron a la situación inicial.5
El hígado es el otro órgano con evidencia sólida de daño por andrógenos. La revisión de 2022 sobre lesión hepática por esteroides anabolizantes describe tres patrones: colestasis, peliosis hepatis y adenomas, además de carcinomas hepatocelulares. El mecanismo incluye hiperplasia de los hepatocitos y alteración del metabolismo biliar. La mayor parte de los cuadros mejora al suspender, y algunas consecuencias de años de uso no son reversibles.6
La hormona de crecimiento y el IGF-1 completan el cuadro. En la acromegalia, el exceso crónico de hormona de crecimiento e IGF-1 produce hipertrofia miocárdica por efecto directo sobre el músculo cardíaco, incluso sin hipertensión ni otros factores de riesgo. Es el modelo humano más claro de que un eje hormonal puede agrandar un órgano.7
El trabajo de Maastricht no puede separar qué sustancia aportó qué, y sus autores lo reconocen: los participantes declaraban mezclas, dosis y vías distintas, así que no se puede atribuir el corazón grande a un fármaco concreto. Lo que sí puede afirmar es lo contrario de lo que se le atribuía a la proteína.
El riñón: tamaño, filtrado y función no son lo mismo
Conviene separar tres cosas que la conversación mezcla: el tamaño del riñón, el filtrado y la función. El efecto de la proteína sobre el filtrado glomerular y sobre los marcadores de función renal en personas sanas lo tienes contado con detalle en los siete mitos de la proteína, con la revisión sistemática que no encontró diferencias frente a dietas normales o bajas. Aquí interesan el tamaño del órgano y dos matices que aquella entrada no cubre.
El primero es la ingesta más alta que se ha seguido durante meses. Un ensayo cruzado en 14 hombres entrenados en fuerza acumuló seis meses con más de 3g por kilo al día, con registros diarios de ingesta, y no encontró cambios en lípidos ni en marcadores de función hepática y renal.8
El segundo es una revisión que discrepa y merece leerse. Un grupo de nefrólogos de Madrid y de la Universidad de Columbia sostiene que la hiperfiltración mantenida produce hipertensión intraglomerular y pérdida progresiva de función a largo plazo, incluso en personas sanas, y señala un problema de diseño: los estudios en deportistas se hicieron para valorar composición corporal, no seguridad renal, así que no estaban preparados para detectar daño.9
Las dos lecturas caben en la misma evidencia. Nadie discute que en la enfermedad renal crónica la proteína se ajusta a la baja; el desacuerdo es qué pasa en un riñón sano durante veinte años de ingesta alta, y eso no lo resuelve un estudio transversal de órganos. Lo que sí resuelve el trabajo de Maastricht es el tamaño: los riñones de un culturista natural con 2,5g por kilo no son más grandes que los de un control. Los del grupo con fármacos sí, más de un 50%.
Los límites del estudio
El diseño es transversal, así que describe una asociación y no establece causalidad. Los autores lo dicen en la primera frase de sus límites. Añaden tres más que importan: el uso de fármacos es declarado y heterogéneo, no se midieron concentraciones de andrógenos en sangre y los andrógenos pueden retener agua, de modo que parte del volumen medido podría ser agua además de tejido.
Hay quince participantes por grupo, un solo centro y una población sana, en competición y voluntaria. Los propios autores calcularon que necesitaban 36 participantes para detectar la diferencia de masa hepática descrita antes, y reclutaron 45 para cubrir bajas. Es suficiente para el efecto que buscaban y escaso para detectar diferencias pequeñas entre naturales y controles: la ausencia de diferencia es informativa, no es prueba de identidad absoluta.
Tampoco se midió función de los órganos. No hay filtrado glomerular, ni pruebas hepáticas, ni parámetros de función cardíaca. El estudio responde a una pregunta de tamaño, no de salud del órgano. El rango cubierto llega a 2,9g por kilo al día: no dice nada de ingestas de 5g, que existen en algunos deportistas, ni de personas con enfermedad renal.
Hay un dato de autoría que conviene mirar. Dos de los ocho firmantes trabajan en AMRA Medical, la empresa sueca que desarrolló el software de análisis de composición corporal, y el trabajo declara que los autores no tienen conflictos de interés. El volumen de los órganos se delimitó a mano, así que un sesgo del software afectaría a las cifras de músculo y no a las de hígado, corazón, bazo y riñones, que son las que sostienen la conclusión.
En la consulta: qué preguntar y qué medir
La primera pregunta no es sobre proteína. Es sobre fármacos, y hay que hacerla sin juicio y con la misma naturalidad con la que se pregunta por el tabaco, porque el paciente suele esperar a que se la hagan. Un hombre de 95kg con un corazón de 1,20L y una carga androgénica de 1000mg a la semana no necesita un ajuste de batidos.
La segunda es qué se mide. En un hombre con mucha masa muscular, la creatinina sérica está alta por construcción: procede del músculo y su concentración sigue a la masa magra más que al peso. Un estudio con 170 personas sanas encontró que la creatinina sérica y urinaria se correlacionaban con la masa magra, mientras que la cistatina C no. En personas con masa muscular alta y sospecha de deterioro leve, la cistatina C es una alternativa más adecuada.10
La tercera es la presión arterial y la analítica hepática. La hipertrofia ventricular de los andrógenos se acompaña de cambios de presión, y las lesiones hepáticas por esteroides se detectan con transaminasas, gamma-glutamil transferasa y ecografía. Si hay sospecha de uso, la ecocardiografía y la valoración por hepatología tienen más rendimiento que cualquier ajuste dietético.
Sobre la proteína, la conversación es más corta de lo que parece. El propio trabajo concluye que por encima de 1,5g por kilo al día no hay beneficios esperables para el músculo, una cifra que conviene leer como orientación y no como frontera. La pregunta útil, entonces, no es si el riñón aguantará, sino si esos gramos están haciendo algo por el rendimiento. Para poner cifra a lo que sí necesitas según tu peso, tienes la referencia de cuánta proteína al día. En enfermedad renal crónica la respuesta cambia y la decide el nefrólogo con el filtrado y la proteinuria delante. No es el mismo paciente ni la misma pregunta.
Conclusión
En el rango estudiado, la proteína no agranda los órganos de un culturista sano. Lo que los agranda son los fármacos que una parte del culturismo de competición usa, y la evidencia de 2026 lo mide con imágenes en vez de con sospechas: 2,5g por kilo al día y órganos idénticos a los de un control activo, frente a un 35% a 50% más de volumen en quien usa andrógenos y otros compuestos.
El mito se sostiene en dos verdades a medias. Es cierto que los atletas de fuerza tienen órganos mayores, y es cierto que en cerdos y ratas una dieta con muchísima proteína los agranda. Ninguna de las dos se ha demostrado en el humano que entrena y come proteína. Mientras tanto, la conversación sobre el corazón y el hígado de un culturista sigue siendo una conversación sobre fármacos, y conviene tenerla antes de que la tenga el ecocardiograma.
Bibliografía científica
- 1. Midorikawa T, Sekiguchi O, Beekley MD, Bemben MG, Abe T. A comparison of organ-tissue level body composition between college-age male athletes and nonathletes. International Journal of Sports Medicine. 2007;28(2):100-105. doi:10.1055/s-2006-924139 (PMID: 17133285) ↩︎
- 2. Schoknecht PA, Pond WG. Short-term ingestion of a high protein diet increases liver and kidney mass and protein accretion but not cellularity in young pigs. Proceedings of the Society for Experimental Biology and Medicine. 1993;203(2):251-254. doi:10.3181/00379727-203-43598 (PMID: 8502665). Lechones de cuatro semanas, genéticamente obesos, con dieta del 17% o del 34% de proteína durante 14 días: el peso relativo del hígado y del riñón y su contenido proteico aumentaron, sin cambios en el ADN total. La cifra del 60% de las calorías en proteína y el aumento de peso del riñón en ratas proceden de Takagaki R, Takahashi J, Endo S, et al. Isomaltodextrin inhibits kidney enlargement induced by a high-protein diet through its metabolism by gut microbiota. Bioscience, Biotechnology, and Biochemistry. 2025;89(3):423-430. doi:10.1093/bbb/zbae188 (PMID: 39657313), trabajo cuyos autores firman desde la empresa que comercializa el ingrediente evaluado. ↩︎
- 3. Miyauchi S, Oshima S, Asaka M, Kawano H, Torii S, Higuchi M. Organ size increases with weight gain in power-trained athletes. International Journal of Sport Nutrition and Exercise Metabolism. 2013;23(6):617-623. doi:10.1123/ijsnem.23.6.617 (PMID: 23799654) ↩︎
- 4. Fuchs CJ, Brauwers B, Trommelen J, Yildiz S, Widholm P, Leinhard OD, Prompers JJ, van Loon LJC. When Size Goes Inside: Visceromegaly in Bodybuilders Is Not Attributed to High-Protein Intake but More Likely Associated with the Use of Appearance- and Performance-Enhancing Drugs. Medicine & Science in Sports & Exercise. 2026;58(9):1878-1890. doi:10.1249/MSS.0000000000004011 (PMID: 42044299) ↩︎
- 5. Smit DL, Voogel AJ, den Heijer M, de Ronde W. Anabolic Androgenic Steroids Induce Reversible Left Ventricular Hypertrophy and Cardiac Dysfunction. Echocardiography Results of the HAARLEM Study. Frontiers in Reproductive Health. 2021;3:732318. doi:10.3389/frph.2021.732318 (PMID: 36304014) ↩︎
- 6. Petrovic A, Vukadin S, Sikora R, Bojanic K, Smolic R, Plavec D, Wu GY, Smolic M. Anabolic androgenic steroid-induced liver injury: An update. World Journal of Gastroenterology. 2022;28(26):3071-3080. doi:10.3748/wjg.v28.i26.3071 (PMID: 36051334) ↩︎
- 7. Wolf P, Maione L, Kamenický P, Chanson P. Acromegalic Cardiomyopathy: An Entity on its own? The Effects of GH and IGF-I Excess and Treatment on Cardiovascular Risk Factors. Archives of Medical Research. 2023;54(8):102921. doi:10.1016/j.arcmed.2023.102921 (PMID: 38040526) ↩︎
- 8. Antonio J, Ellerbroek A, Silver T, Vargas L, Tamayo A, Buehn R, Peacock CA. A High Protein Diet Has No Harmful Effects: A One-Year Crossover Study in Resistance-Trained Males. Journal of Nutrition and Metabolism. 2016;2016:9104792. doi:10.1155/2016/9104792 (PMID: 27807480) ↩︎
- 9. de Lorenzo A, Bomback AS, Mihic N. High Protein Diets and Glomerular Hyperfiltration in Athletes and Bodybuilders: Is Chronic Kidney Disease the Real Finish Line? Sports Medicine. 2024;54(10):2481-2495. doi:10.1007/s40279-024-02086-1 (PMID: 39196487) ↩︎
- 10. Baxmann AC, Ahmed MS, Marques NC, Menon VB, Pereira AB, Kirsztajn GM, Heilberg IP. Influence of muscle mass and physical activity on serum and urinary creatinine and serum cystatin C. Clinical Journal of the American Society of Nephrology. 2008;3(2):348-354. doi:10.2215/CJN.02870707 (PMID: 18235143) ↩︎
